Promesa
Un velo azabache lo cubre todo de oscuridad
¿Estoy en el limbo? Quizás sea la nada o el
infinito.
Las dudas se amontonan obnubilando mi razón.
Quiero andar pero mis pasos no me llevan a ninguna
parte.
Una fuerza invisible sujeta con fuerza mis
tobillos
y me retiene presa en este mismo lugar.
De repente, el aire se vuelve pesado, casi
irrespirable.
Con cada bocanada, la presión aumenta sobre
mis pulmones
que desesperados luchan por conseguir oxígeno.
“¡Me ahogo!” Un grito sordo rompe el silencio
trayéndome de vuelta a la realidad.
Se hace el silencio, pero esta vez no estoy sola.
Delante de mí, se alza impasible un gran espejo
Que me devuelve un reflejo difuminado de mi
rostro.
Dudo… ¿Esa figura soy yo realmente?
Un abanico de máscaras aparece de la nada
flotando a los pies de mi alter ego y una voz
susurra: “¿qué quieres ocultar hoy?”.
Recojo una de ellas y descubro con sorpresa
que encaja perfectamente con mis facciones.
Dos grandes cuencas vacías me devuelven la
mirada
escudriñando lo que se esconde en mi interior.
Alrededor figuras encapuchadas forman un círculo
mientras unas manos aparecen rodeando mi cuello.
Desesperada, empiezo a chillar pero esas
manos
aferran mi garganta tan fuerte que se mimetizan
con mi cuerpo, desapareciendo en el espejo.
Las figuras aúllan al unísono con alaridos
que
hielan la sangre. Súbitamente la máscara cambia.
Una gran sonrisa se dibuja de oreja a oreja.
Las figuras parecen relajarse, se oyen
suspiros.
Alivio. Sin embargo mi cuello sigue
prisionero,
incapaz de emitir un sonido, incapaz de pedir ayuda.
Grandes lágrimas de cristal ruedan por mis
mejillas.
En ese instante, todo el caos que me rodea cobra
sentido.
La realidad me golpea y caigo de rodillas
sobre el frío suelo.
Ciega. Fui incapaz de darme cuenta de que la
oscuridad
a mi alrededor provenía únicamente de mi interior,
cubriéndolo todo y a todos con mi propio dolor.
Espejo, hagamos una promesa: Sólo tú y yo
viviremos
en esta oscura noche donde las máscaras
pierden su valor.
Este será nuestro refugio. A veces quizás
nuestra prisión.
Sólo tú y yo.
Promesa, LDG

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